Published On: Jue, Ago 10th, 2017

McGregor, el gran héroe en Dublín: todos le temen y reverencian por su “vida loca”

SANTO DOMINGO (espn)- Antes de navidad, los narcotraficantes que merodeaban una esquina del Norte de Dublín, vieron el BMW blanco de Conor McGregor pasar por su callejón sin salida.

No lo podían creer. La calle Sheriff era una de las peores de la ciudad, bloqueada a un lado, y en un área controlada por una de dos pandillas locales. La familia Hutch dominaba esta parte del área norte, y los Kinahan operaban en los barrios al sur del río que divide la ciudad. Algunos de los jefes y tropas de los Kinahan vivían en Crumlin, donde McGregor se crio. Ambas pandillas estaban en medio de una disputa sangrienta que tenía a Dublín en ascuas. Sus periódicos llevaban la cuenta mortal: 10 asesinados por los Kinahan, dos por los Hutches. McGregor empezó a desacelerar. Los jíbaros bloquearon la calle y su escape.

Una dama me cuenta esta historia, en la tienda de la esquina en una calle que es denominada por un periodista de sucesos local como “El Álamo” de la familia Hutch.

“Es del lado sur”, explica. “Él no es de este lado”.

Al final del camino, hay un festival. Un organizador abre cajas llenas de agua embotellada y, tras ser preguntado, da mayores detalles de lo que ocurrió después. “Le estoy contando de la noche en la cual McGregor llegó a parar a la calle Sheriff por accidente”, afirma y una dama le acompaña.

“Sí”, dice ella.

“…Y estaba loco por salir”, dice.

“Dio la vuelta equivocada…”, completa ella.

“…En un Beamer blanco”, responde él.

“Y todos los chicos estaban corriendo”, dice ella.

“Toda la pandilla estaba afuera vendiendo drogas”, dice. “Al manejar por la calle, todos los chicos gritaron, ‘¡Oye, McGregor!’ Al llegar al final de la calle Sheriff, entendió que no había forma de salir e hizo una vuelta en U. Al dar esa vuelta, tres o cuatro quedaron en el medio de la calle. El pleito entre bandas estaba en su apogeo, y él está conectado de una forma u otra con varios miembros del cartel Kinahan”.

McGregor pisó el acelerador y su carro rugió por la calle. Los jíbaros trataron de buscar refugio en cualquier lugar posible. Fue una idea astuta, pero McGregor había subestimado la manía que corría por los barrios de clase baja de Dublín. Los narcos no querían enfrentársele.

Tenían cada uno un teléfono en sus manos.

Querían tomarle fotos.

Héroe en una ciudad de clase trabajadora. Si bien es visto alrededor del mundo como alguien que profiere insultos como, por ejemplo, decirle a Floyd Mayweather “baila… muchacho”, McGregor es adorado en barrios como Crumlin, cerca del Dock Ward, el sitio en los cuales los barcos llenos de irlandeses hambrientos se dirigieron a América, en la calle Sheriff y en los clubes de boxeo cercanos a los barrios insulares. Sentado en un vestidor, en plena preparación para su pelea del 26 de agosto contra Mayweather, McGregor dice de forma humilde con respecto al apoyo que recibe de Dublín. “Es mi gente”, dice con calmada ferocidad. “Es lo que soy”.

La mayoría de los campeones deportivos irlandeses son reflejo de la rítmica tranquilidad de las colinas verdes. Conor no es así. Él es la personificación de los barrios de Dublín. Tiene el espíritu de los territorios cercanos a la calle O’Connell, los barrios de Oliver Bond y la cruelmente denominada Fatima Mansions, donde su antiguo entrenador de boxeo Phil Sutcliffe perdió a su hermano por un ajuste de cuentas de drogas. Cualquier misterio con respecto a él puede resolverse en su tierra: un área denominada Crumlin, construida en los años ’30 al sur del centro de Dublin, cuando el gobierno demolió las áreas existentes y necesitaba un nuevo lugar para albergar a los pobres.

Dublin se entiende mejor al explorar sus muchas divisiones, sus límites interminables físicos y mentales. La ciudad y su actual campeón, McGregor, son definidos por esos límites. Es un lugar parroquial y de clanes. Cruzar a calle equivocada ha sido tradicionalmente razón suficiente para una golpiza. Muchos hombres han tenido que dejar a sus cortejadas en paradas de autobús en vez de llevarlas hasta sus casas. Cerca de 60 clubes de boxeo aún hacen vida en la ciudad, entrenando a los jovencitos a defender su cuadra y a sí mismos, siendo cada gimnasio un mundo propio.

Sutcliffe, quien maneja el histórico Crumlin Boxing Club, donde Conor comenzó, recuerda crecer en el barrio siguiente, en Drimnagh. Las comunidades vecinas y rivales de Crumlin y Drimnagh se encuentran dentro del código postal 12 de Dublin, separadas sólo por Crumlin Road, en una diagonal este-oeste. Sutcliffe, quien boxeó en los Juegos Olímpicos de 1980 y 1984, quería entrenar en el gimnasio de Crumlin, que tenía mejores entrenadores. Golpeó a varios que intentaron evitar que cruzara Crumlin Road.

“No lo hice solo”, dice modestamente. “Con mis hermanos”.