Published On: dom, Jul 15th, 2018

Latinoamérica deja la impronta en partidos de Futuras Estrellas

SANTO DOMINGO- Alfonso Soriano disputaba su primera temporada en las Ligas Menores cuando, en 1999, envió a todo el planeta una sonora proclama sobre lo que estaba por hacer en las Grandes Ligas. Con dos cuadrangulares en el Fenway Park, se convirtió en el primer protagonista del Juego de las Futuras Estrellas, un porvenir que para él estaba a sólo dos meses de empezar.

El toletero dominicano era por entonces un joven con 23 años de edad, con más experiencia en Japón que en Norteamérica. Jugaba en las paradas cortas y los Yanquis de Nueva York lo veían como su próximo bombardero.

El béisbol también lo creía así. Por eso, aquel 11 de julio el infielder petromacorisano se presentó en Boston para disputar un evento que era apenas una curiosidad, una anécdota ideada por el comisionado de MLB, Bud Selig, en la búsqueda de innovaciones que le dieran mayor atractivo a las festividades del Juego de Estrellas.

Soriano era un prospecto, como también Mark Mulder, Lance Berkman, Pat Burrell y otros ligamenoristas que dominarían la Gran Carpa en los años siguientes. La idea de Selig era reunir en un mismo escenario a los mejores prospectos del momento, sin importar que estuvieran en Clase-A Avanzada, Doble-A o Triple-A, y ponerlos a jugar en un formato desconocido en el deporte de los diamantes: Estados Unidos contra el Mundo.

El tiempo demostró que fue una idea acertada. La edición del 2018, que se celebrará en Washington, será la vigésima de la cita que ha servido para hacer la presentación en sociedad de los talentos en ascenso más importantes.

Desde Soriano hasta Ronald Acuña Jr., casi todos han pasado por ahí. Las excepciones son contadas, y se deben al apuro que esos pocos tuvieron para sorprender a sus organizaciones y adelantar su graduación en las Grandes Ligas. Si Albert Pujols no hubiera arrasado con el pitcheo rival en la pretemporada del 2001, por ejemplo, seguramente también habría estado aquí.

Para América Latina es casi la garantía de que la afición se encuentra ante un futuro ligamayorista. El caso de los venezolanos, uno de tantos así, es elocuente: más de un centenar han sido convocados desde que Tony Armas Jr. inició la cuenta en ese 1999, y nueve de cada 10 jugaron poco después en las Mayores, incluyendo a 27 de los 30 que han sido convocados al Juego de las Futuras Estrellas a partir del 2010.

Armas, Soriano y varios astros en formación estuvieron en el Fenway a las órdenes del gran Luis Aparicio, miembro del Salón de la Fama y quien defendió el campo corto en ese mismo escenario bostoniano durante una carrera que le llevaría directo a Cooperstown.

Aparicio fue el primer manager del elenco foráneo y contó con un roster premonitorio para los latinos. Estaban, entre otros, los dominicanos Aramis Ramírez, Rafael Furcal y Ramón Ortiz, el mexicano Erubiel Durazo, el puertorriqueño Alexis Ríos y el cubano Jorge Toca.

Algunos todavía siguen en el béisbol activo, a pesar de haber transcurrido dos décadas ya. El venezolano Franklin Gutiérrez combate contra la espondilitis anquilosante, en la esperanza de alargar su camino en MLB, donde defendió a los Dodgers de Los Ángeles en 2017, y su compatriota José Castillo, ex camarero titular de los Piratas de Pittsburgh, sigue siendo una fuerza en la pelota invernal, donde buscará, a partir de octubre, ingresar a la muy exclusiva lista de quienes han logrado los 1.000 hits y los 100 vuelacercas en las ligas del Caribe.

El Juego de Estrellas del 2018 cuenta esta vez con 29 protagonistas que pasaron primero por el Futures Game, incluyendo al toletero Jesús Aguilar y al infielder Jean Segura, los recientes ganadores del Voto Final.

La región estará bien representada en ese sentido por los boricuas Javier Báez, José Berríos, Edwin Díaz, Joe Jiménez y Francisco Lindor, los quisqueyanos Nelson Cruz y Luis Severino, los venezolanos José Altuve, Felipe Vázquez y el curazoleño Ozzie Albies, que fueron parte de este llamado cuando todavía jugaban en las menores.

El Mundo ha ido reforzado al lance contra Estados Unidos. Los mejores prospectos de Japón, Canadá, Corea del Sur, Italia, Taiwán e incluso de países africanos han engrosado su roster año tras año. Pero han sido los latinoamericanos quienes han aportado la mayor cantidad de futuras estrellas.

Miguel Cabrera (2001 y 2002), Francisco Rodríguez (2002), Víctor Martínez (2002), José Reyes (2002), Robinson Canó (2002 y 2003), Edwin Encarnación (2003, 2004 y 2005), Félix Hernández (2004), Hanley Ramírez (2005), Aníbal Sánchez (2005), Kendrys Morales (2005), Melky Cabrera (2005), Carlos González (2006 y 2007), Carlos Carrasco (2006, 2007 y 2008), Elvis Andrus (2007 y 2008), Carlos Santana (2009), Jeurys Familia (2010), Julio Teherán (2010 y 2011), Carlos Martínez (2011), Jonathan Schoop (2011), Francisco Lindor (2012,2013, 2014), Yasmani Grandal (2012), el fallecido José Fernández (2012), Xander Bogaerts (2012 y 2013), Eduardo Rodríguez (2013), Jorge Alfaro (2013 y 2014), Gary Sánchez (2015 y 2016), Manuel Margot (2015 y 2016) y Nomar Mazara (2015) se cuentan entre los más ilustres convidados del área que va desde el Río Grande hasta la Patagonia.

Encarnación, Carrasco y Lindor estuvieron presentes tres veces cada uno. También Gorkys Hernández, el actual patrullero central de los Gigantes de San Francisco, aunque este último ha sido el más persistente de todos, porque es el único que ha protagonizado la cita en un lapso que abarca cuatro años, entre 2007 y 2010.

Tan brillante convocatoria no ha impedido que los Estados Unidos hayan tomado el mando en la pugna que Selig creó. Hasta el 2009, la escuadra mundial había ganado seis de los 11 duelos disputados, pero ha caído en siete de 8 las siguientes ocasiones que siguieron, a partir de 2010.

Reyes y el cubano Yoan Moncada se llevaron el Premio Larry Doby al Jugador Más Valioso de este cotejo estelar. Moncada conquistó el galardón en 2016, en la más reciente victoria del Mundo. Pero ningún latinoamericano ha hecho más ruido en el Juego de Estrellas del Futuro que Soriano, quien bautizó la competencia con sus jonrones para alzarse en 1999 como el JMV y dejarles claro a los aficionados que lo mejor estaba a punto de comenzar.

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