Published On: Dom, Jun 18th, 2017

Kovalev “perdió” por TKO en una pelea plagada de pésima labor arbitral

SANTO DOMINGO (espn)- La revancha entre Andre Ward y Sergey Kovalev terminó con victoria del primero por TKO, pero el gran protagonista de otra noche de terror para el boxeo de primer nivel fue veterano réferi Tony Weeks.

El réferi le permitió golpes bajos a Ward, se hizo de la vista gorda a los golpes en la nuca que propinó el estadounidense, a quien no le hizo ni una amonestación cada vez que intentaba cabecear al rival y le concedió la victoria tras una verdadera sinfonía de golpes ilegales.

De todas maneras, que Weeks detuviera la pelea en el octavo episodio no cambiaría la historia final del combate. Pese a que Kovalev había ganado casi todos los asaltos, en las tarjetas parciales, dos de los jueces (Glenn Feldman y Dave Moretti) tenían arriba a Ward.

Se repitió la historia de la primera batalla y si bien el libreto esta vez tuvo algunos cambios, en lo medular, en lo que usualmente decide las peleas de Andre Ward, no hubo alteraciones. Por el contrario, el estadounidense que se hace llamar “El Hijo de Dios” se superó en su arte para utilizar lo ilegal como una herramienta ofensiva. Suele recurrir al amarre, al golpe en la nuca, al castigo durante el clinch o, incluso, al cabezazo, pero no recordamos esa capacidad de golpear con tanta efectividad en la zona prohibida.

Visto lo ocurrido en la batalla anterior, imaginábamos que esta vez no le perdonarían ninguna marrullería. Nos equivocamos. Lo hizo nuevamente.

El inicio de la pelea se ajustó –en parte- a nuestras predicciones. Ward no arriesgaba, trabajaba desde la distancia moviéndose permanentemente por laterales hacia el lado izquierdo de su rival y recurría a su velocidad para golpear con el jab o entrando a colocar sus combinaciones de manera esporádica.

Donde no le acertamos fue en el amarre inmediato. Ward lo mantuvo inalterable: entraba, golpeaba y amarraba. Ese tren de pelea lo mantuvo en los primeros asaltos, cuando el ruso demoraba en ajustarse, algo normal en todas sus batallas.

Por su lado, Kovalev, comenzó consistente. Trabajando con el jab, sorprendiendo con golpes a los planos medios y superando a Ward en el volumen de golpeo. Así se fueron los primeros tres asaltos que el ruso dominó claramente.

Kovalev ganaba por disposición ofensiva, por golpeo y porque colocó los mejores impactos de poder, más allá que Ward siempre lo superó en porcentaje de aciertos. Lanzaba menos, pero acertaba más.

En el cuarto asalto, Ward se apropió del protagonismo. Su velocidad en ese episodio fue indescifrable para Kovalev, a lo que sumó un jab empleado de manera impecable. Pero, en el quinto round volvieron a lo del principio: algunos intercambios, muchos amarres, Ward moviéndose permanentemente y los mejores impactos otra vez para Kovalev.

En el sexto asalto comienza otra historia: la de los golpes bajos. El cómputo de golpes lanzados a esa altura era claro, Kovalev duplicaba los enviados por Ward e intentaba cortar el ring, enviando muchos golpes de poder.

La respuesta del estadounidense era la velocidad, el amarre y los golpes bajos que por dos veces doblaron al ruso. El réferi aceptó uno de ellos, el otro no, aunque la televisión fue lapidaria: sí hubo golpes dramáticamente bajos acertados por Ward.